Crianza exenta de criadores: los niños de la llave como ejemplo de la crisis que no ha terminado

Un informe de Educo, disecciona una grave situación que permanece oculta sin recibir la necesaria atención por parte de la sociedad y sus representantes políticos.

Tiene nómina, trabajo, y es pobre. Pero no tiene esperanza de encontrar otro empleo y no ve qué otra cosa puede hacer para escapar de su tragedia privada. Difícil pensar en otra cosa”. Esta definición podría aplicarse a día de hoy a casi una de cada seis personas a nivel estatal. Por más que voces del ámbito político saquen pecho y presuman de cifras macroeconómicas diversas, a pie de calle, la realidad de los hogares dista de poder considerar que la crisis haya finalizado.

Una de cada cinco usuarios de ayudas sociales de una ciudad como Barcelona tiene trabajo, pero con salarios medios de alrededor de 500 euros, apenas sobrevive con su familia en la urbe. “Estamos empezando a llamar empleo a cualquier cosa, aunque sea precario, inestable y mal pagado”, denuncia Carlos Susías, de la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-España). “La productividad se está consiguiendo a través de la precarización de los trabajadores”, señala Salvador Busquets, de Cáritas Barcelona. Sus testimonios avalan la grave realidad que disecciona el informe ‘En busca de los niños de la llave. Una mirada indiscreta a la España que emerge de La Gran Recesión’, elaborado por la asociación Educo.

“La función del empleo como factor de inclusión social solo se cumple si el empleo tiene determinadas características de estabilidad, nivel de ingresos y calidad”, recuerda Susías. Y tras cada puerta, miles de familias, vive esa “realidad corrosiva” que no solo lastra la economía del hogar, sino que obstaculiza las relaciones familiares y sociales”: Madre que sale a trabajar a las 9 de la mañana y, con suerte, puede volver a las 10 de la noche. Padre que, con suerte, tiene trabajo, y en el peor de los casos sale también a las 9 de la mañana a buscar trabajo y vuelve por la noche. Los referentes familiares no están en casa. Y España es actualmente uno de los siete países de la Unión Europea que no tienen un verdadero sistema de prestaciones por hijo a cargo, cuando, paradojicamente, es uno de los países con mayor pobreza infantil…

Pobreza, desigualdad y precariedad

Crianza exenta de criadores: los niños de la llave como ejemplo de la crisis que no ha terminadoEn España existen 8,2 millones de hogares con niñas y niños a cargo. De estos, el 27,4 % están en riesgo de pobreza. Esto significa que 2,2 millones de hogares con niñas y niños a cargo están en riesgo de pobreza. El 16,1 % de los hogares con niñas y niños y personas adultas ocupadas están en riesgo de pobreza. Se trata de los hogares de los trabajadores pobres. Estas “niñas y niños de la llave”, que corren a veces con la llave de casa colgada al cuello a la salida del aula camino a un hogar donde no los espera nadie. Menores que son tema de llamadas telefónicas de directores de escuela a ayuntamientos o Servicios Sociales del entorno, cuando se encuentran con que, pese a su reducida edad, nadie viene a buscarlos a la salida de la escuela y no es posible ubicar a sus cuidadores.

Y no se trata de una situación de negligencia de sus cuidadores, sino de la imposibilidad de conciliar la atención adecuada a hijas e hijos con los horarios muy dilatados de trabajo. “Una situación económica y laboral de precariedad con prácticamente nulo soporte familiar y social”.

En breve, la infancia y adolescencia serán una comunidad exclusiva de las nativas y nativos del siglo XXI. Pero la pertenencia a un siglo no será su única seña de identidad. Ni siquiera la más significativa. A nivel local, esta generación criada en una España donde uno de cada tres niños y niñas vive por debajo del umbral del riesgo de pobreza, son a la vez nativas y nativos de la crisis. Es una generación que desarrolla sus expectativas y aspiraciones a la luz de estereotipos de riqueza, amplificados en los medios de información, como camino de felicidad, que muestran que lo más importante es el tener.

Es el contexto en el que crecen estas nativas y nativos de la escasez, una infancia en riesgo de exclusión social y aislamiento, ya sea…
por falta de tiempo de sus cuidadores,
por falta de relaciones cercanas y sociales,
o por falta de recursos económicos.
O por falta de las tres….

Obstáculos, riesgos y vida cotidiana

España es actualmente uno de los siete países de la Unión Europea que no tienen un verdadero sistema de prestaciones por hijo a cargEn 2009 eran 350.000 las niñas y niños de 6 a 14 años que pasaban las tardes de los días laborables solos en casa. La encuesta de Educo de 2017 indica que el verano pasado eran cerca de 580.000 las niñas y los niños de 6 a 13 años (14,9%), que tienen llave y se quedan solos por las tardes. Nadie puede ir por ellas y ellos, ni esperarlos a media tarde. Tampoco hay servicio de comedor en la mayoría de los institutos, y buena parte de las familias no pueden pagar extraescolares.

Los especialistas alertan de los peligros de este tiempo exento de cuidadores en relación a conductas de riesgo (el alcohol, cuya media de inicio en España es a los 13,7 años, o las drogas), a la mala alimentación o a los problemas emocionales que surgen de situaciones de aislamiento y soledad.

Se trata de la falta de referentes de personas adultas en sus vidas. Son niños y niñas que no tienen, por ejemplo, a quién contarles lo que les pasa cuando lo necesitan. Si el adulto no está en ese momento, se pierde esta oportunidad. Además, tampoco se sabe qué hacen en casa en ese tiempo. Podemos aproximarnos a la vida de los niños de la llave, pero no lo sabemos. Solo conocemos tendencias, porcentajes, como que el 50,9 % de niñas y niños tienen móvil y que a los 14 años ya son el 90 % (INE). O que, al llegar a los 15 años, el uso de internet fuera de clase, en días laborables es de 4 horas, y que el 69 % dicen “sentirse realmente mal” cuando no se conectan a internet (OCDE). O que el 41,3 % de niñas y niños tienen sobrepeso, que se asocia a la mala alimentación por el elevado consumo de bebidas azucaradas y comidas precocinadas, así como al menor tiempo que se dedica a la comida.

Algunas características comunes a menores afectados por este contexto que se comentan en el informe:

  • Irritabilidad
  • Falta de límites
  • Ausencia de rutinas
  • Falta de gestión de las emociones
  • No aceptación del ‘no’
  • Déficit en la gestión del conflicto
  • Recurso fácil a la violencia
  • Elevado consumo de televisión, internet o videojuegos

Informe completo (.pdf)

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